jueves, 14 de octubre de 2010

Sin (casi) palabras


Córdoba, Enero 2010


Mar Rojo, Abril 2010



Beijing, Mayo 2010



Kenzo, Junio 2010


Jamaica, Agosto 2010


(... Sigo buscando las palabras...)

viernes, 24 de septiembre de 2010

De nuevo, el laberinto


Lo echo de menos. Lo echo mucho de menos.

Sentarme delante de una página en blanco. Inspirar. Entornar los ojos. Fruncir el ceño. Apretar los labios. Señales para llamar a las musas....a la inspiración.. a los recuerdos... a los olvidos... a los sueños...a las vivencias..a los deseos..a los miedos... a las dudas... a las certezas.

Que todos vengan, que vengan todos danzando hasta posarse sobre el blanco, tiñéndolo de negro. Negro sobre blanco, explicando los vacíos. Blanco absorbiendo el negro, dándole sentido, dándome sentido.  

Que vuelvan todos - sueños, miedos, dudas, olvidos y deseos- al laberinto, que caminen sus veredas, que se pierdan en sus encrucijadas, que den la vuelta, que vuelvan a empezar y vuelvan a perderse. Y así hasta el infinito. Que no vuelvan a escaparse las palabras del laberinto.

Lo echo de menos. Lo echo mucho de menos.

lunes, 1 de febrero de 2010

Aire fresco (II)



Y el aire fresco llega… Y se lleva toda la mierda que emponzoña los pensamientos y el alma. A veces hace falta que alguien te abra los ojos y te ayude a aplicar un poco de sentido común, te empuje a pararte a pensar con lógica, te haga escuchar y no inventar, te reconduzca para no dejarse llevar por una imaginación desbordada que sólo conduce a la paranoia.



Y el aire fresco llega… Y devuelve la tranquilidad y las ganas de risa. A veces hace falta meter la pata y saber pedir perdón por el error, darte cuenta del absurdo de tus pensamientos, pensar en las cosas que realmente merecen la pena, en las personas que realmente merecen la pena, confiar.



Y el aire fresco llega… Y disipa los miedos y reinventa la luz. A veces basta con poner en una balanza las realidades, las verdades, las certezas, y reírte de la levedad de los absurdos que hace apenas unas horas pesaban toneladas.



Y el aire fresco llega… Sólo hace falta saber abrir la ventana. Y, sobre todo, aprender a no volver a cerrarla.