lunes, 31 de agosto de 2009

Cuando no estás




El silencio, infinito.
Los abrazos, vetados.
Dormidos los goces.

Los días, eternos.
Los vuelos, coartados.
Mudas las voces.

La cama, inmensa.
Los susurros, callados.
Vacías las noches.

...

domingo, 30 de agosto de 2009

Me llamo río



"Lo que me gusta más del río es...
que nunca es igual que ayer..."

Porque hoy el río es el paisaje que acompaña en las postales a nuestras catedrales. El paisaje que descubrimos desde miradores y paseamos por veredas. El sonido que nos alcanza mientras tomamos una cerveza en el chiringuito instalado a sus pies.

Y ayer el río era el lugar donde algunos aprendimos a nadar. Donde unos desarrollaron el arte de la paciencia infinita con una caña de pescar en la mano. Donde, a falta de playas de mar, acudíamos a las playas de río... con las mantas para tumbarse, las sillas y mesas de camping y aquellas cestas y neveras repletas de viandas y bebidas frescas. Donde unos jugaban a la pelota y otros estrenaban los "manguitos". Era aquel río que tan bien describía Sánchez Ferlosio en "El Jarama".

Y aún más.. anteayer el río era el lugar donde nuestras madres y abuelas acudían a lavar la ropa. Y bajaban la cuesta con los cestos repletos de pañales de tela y gasas, de vestidos y pañoletas negros y sábanas y toallas blancas. O donde nuestros abuelos y padres iban a cangrejos, antes de que ésto estuviera tan restringido.

Los ríos, que han inspirado canciones modernas como En el río de Amaral o Río abajo de Jorge Drexler, valses como el Danubio Azul... o canciones míticas como Moon River, en sus múltiples versiones pero destacando, sin duda... ésta...

Los ríos que han dado nombre a películas (Río Salvaje, Río Bravo, El puente sobre el río Kwai, Mystic River, El río de la vida de Redford...) y que ha inspirado escenas de tantas y tantas otras...

Los ríos que aprendíamos de carrerilla en el colegio y cuyos recorridos sabíamos dibujar en mapas en blanco o con plantillas de plástico que comprábamos en las librerías...

Los ríos que son míticos e incluso sagrados, como el  Amazonas, el Ganges, el Tigris y el Eúfrates, el Nilo... 

Ríos que han observado, a veces pasivos, a veces beligerantes, batallas y derrotas sangrientas... como la batalla del Nilo, la del Ebro... o la del lejano Eurymedon, donde Anibal fue vencido.

Los ríos que son estrangulados, transfundidas sus sangres, canalizados y obligados a inundar pueblos, dejando asomar tan sólo la campana de alguna iglesia. Los ríos que se rebelan, que recuperan la memoria de sus cauces e inundan vidas provocando desastres, que algunos se atreven a denominar "naturales".

Los ríos que siempre nos han dado vida, que se han dejado abrazar por asentamientos y civilizaciones y que han abrazado pueblos con sus grandezas y con sus miserias.

Los ríos que hoy nos miran, sucios y muertos, reducidos sus cauces, urbanizadas sus orillas con fábricas y desagües... y nos piden que recordemos aquellos tiempos en que eran arterias, en que eran y daban vida, en que sus orillas eran el sitio donde los niños iban a jugar.

-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-
"Me llamo río" es un documental del programa  sobre medio ambiente "Escarabajo Verde". Muy Interesante. Podéis verlo aquí.

-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-

Os dejo, para finalizar una sugerencia musical de Ana. Gracias!
Sugerencia que aprovecho para dedicársela a Molinos.

sábado, 29 de agosto de 2009

Frivolidades: Zapatos

Me encantan los zapatos. Podría decir que soy adicta a ellos.  No soy Imelda Marcos (1060 pares de zapatos tenía la moza), pero teniendo en cuenta que no dispongo del salario de un dirigente de Estado, no me quejo de mis más de 50 pares...

Me gustan los zapatos de todo tipo: sandalias, mocasines, botas, zapatos de salón, chanclas, botines... pero lo que más abunda en mi zapatero y con lo que más cómoda me siento es, por encima de cualquier tipo, con los zapatos de salón y las sandalias, ambos de tacones imposibles.

Los tacones son para mí fundamentales, producen en mi una atracción irrefrenable cuando los veo en un escaparate. Comencé a usarlos simplemente para ser más alta, pero en la actualidad los uso primero porque me gustan, segundo porque me siento más segura sobre un tacón que cuando voy con un zapato bajo (las teorías freudiana podrían decir bastante sobre los verdaderos motivos de ésto) y tercero, y aunque parezca increíble, porque me siento más cómoda con un tacón que con unos zapatos bajos.

Caminar sobre un tacón no es fácil. En ocasiones me he encontrado chicas subidas a tacones, que parecen auténticos "patos mareados". Dan ganas de decirle: "Por favor, bájate de ahí, te vas a matar". Pero no hay nada más hipnotizante que una mujer que sabe caminar de manera elegante con una falda bonita y unos zapatos de tacón.


En fin, puede parecer una locura o una auténtica gilipollez, pero me apasionan los zapatos. Y todos mis allegados lo saben, hasta el punto de que quien me quiere y me conoce bien, sabe que los mejores regalos que se me pueden hacer son un buen libro o unos maravillosos zapatos.

Los zapatos son, a mi entender, el complemento más definitorio del estilo de una persona e incluso, de su forma de ser. Mira a una mujer a sus zapatos y sabrás realmente cómo es. Yo es algo en lo que me suelo fijar cuando conozco a alguien y la verdad es que suelen ofrecerme una impresión que no suele ser errónea.  Y no sólo lo creo yo, existen amplios estudios y encuestas sobre este tema (con los que, como en todo, podemos estar más o menos de acuerdo).

Para empezar, el color es importante. Un zapato negro denota sobriedad y seriedad. Es el tipo de zapato que una se pone para hacer una entrevista de trabajo o cuando quiere ir elegante. Por el contrario, la mujer que se atreve con colores llamativos o intensos está diciendole a la monotonía que salga de su vida. Los tonos pastel hablan de romanticismo, de mujeres soñadoras e idealistas. El blanco en los zapatos es claramente definitorio, debe saber combinarse de manera adecuada y representa seguridad e ideas claras (sobre todo porque hay que estar muy, muy segura para calzarse un zapatito blanco). Otro color explosivo es el dorado; cuidadito con una mujer que se suba a unos zapatos dorados, porque probablemente sea un auténtico terremoto, una tía que va a por todas, le gusta el riesgo y le da igual lo que piensen de ella. Ocurre algo muy similar con los estampados de leopardo o de serpiente. Otro color de órdago es el rojo. Una mujer in red es una mujer de carácter, guerrera. El rojo infunde respeto o incluso cierto temor.

El tipo de zapato también puede hablar de cómo eres. Así, unas punteras puntiagudas definirían a una mujer a la que le gusta aparentar, que no le importa sufrir con tal de meterse en ese zapato e ir impresionante; mientras que unas puntas redondeadas hablan de comodidad e incluso tienen un punto de infantilidad. Las botas altas pueden ser ambiguas, depende de con qué las calces, pero una mujer que se enfunda una bota alta con un tacón finísimo, como si se tratara de un guante, sólo puede buscar dos cosas: aparentar extrema seriedad o sentirse increíblemente sexy. Las sandalias con talones al aire muestran una mujer sensual, a la que le gusta mostrar su lado femenino. Las bailarinas, los mocasines o en general cualquier zapato sin tacón definen una mujer a la que le gusta la comodidad y que no se sacrifica por estar a la moda.

Un zapato bonito, bien combinado con la ropa, puede decir mucho de una. Puede ser una absoluta frivolidad. O quizás tenga más importancia de la que creemos. Que se lo digan a Cenicienta... ¿os imagináis al Príncipe recorriendo el reino con un mocasín?

Esta soy yo... según mis zapatos