Encerrada en mi torre de bronce,
me inunda tu imagen de Zeus dorado.
Despierta el deseo. Los ojos cerrados.
Mis manos se deshacen en el calor del encierro.
Siguen los aires de caballos inquietos:
primero al paso, luego al trote...galope.
Desbocados se deslizan, se me clavan, se hunden.
Festejo de la carne, celebración de la piel.
Dánae terrenal alcanzando el Olimpo de los dioses.
Gritos de victoria . Exaltación del guerrero.
Invencible y vencida en el refugio de mi cuerpo.
Estremecida en el abrazo solitario,
recupero el aliento perdido en la batalla.
El corazón recupera el ritmo tras la danza.
Duermo, al fin, mecida entre las alas de Morfeo.

(Imagen: Dánae o La lluvia dorada de Gustav Klimt)

